Entender los niveles de evidencia
No todos los factores tienen el mismo peso. Algunos están sólidamente documentados, otros son simples hipótesis, y unos pocos son afirmaciones que los estudios no confirman. La etiqueta que aparece en toda la herramienta indica en qué punto se encuentra cada uno.
Un vínculo con la fertilidad está documentado por numerosos estudios humanos convergentes, respaldados por las autoridades sanitarias.
Ejemplo: El tabaquismo: disminución de la reserva ovárica en la mujer, alteración del esperma en el hombre.
Varios estudios en humanos apuntan en el mismo sentido, con un mecanismo biológico plausible, pero las pruebas aún no son definitivas.
Ejemplo: Los ftalatos presentes en algunos cosméticos perfumados, asociados a una menor calidad del esperma.
Existen señales (estudios en animales, pequeños estudios en humanos) pero los resultados son contradictorios y la comunidad científica lo debate.
Ejemplo: Llevar el teléfono en el bolsillo del pantalón y la movilidad de los espermatozoides.
La exposición es real y frecuente, pero ningún estudio serio ha medido su efecto sobre la fertilidad humana. No se sabe.
Ejemplo: Las mezclas de aditivos alimentarios consumidos juntos a diario (efecto cóctel).
Circula una afirmación (redes sociales, marketing) pero los estudios disponibles no la confirman, e incluso la contradicen.
Ejemplo: El flúor de las pastas de dientes, en las dosis de uso habitual, presentado como causa de infertilidad.
Un factor «no estudiado» no es tranquilizador por eso: solo significa que nadie ha medido su efecto. Por el contrario, un factor «establecido» no provoca infertilidad por sí solo.
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Última actualización del contenido: 14 de septiembre de 2026